El Auto descuido en los Pacientes y el Desafío de la No Cooperación

El auto descuido en pacientes es mencionado cuando el paciente en cuestión es incapaz de cubrir sus necesidades básicas tales como alimentación o higiene. Es muy común que se de en pacientes mayores o en aquellos que sufren alguna discapacidad grave. Ante este desafío, lo normal es que se brinde asistencia ya sea mediante personal capacitado o mediante algún familiar cercano. Pero pongámonos en el caso más complicado: ¿qué ocurriría si no hay ningún familiar cercano que pudiese tomar una decisión legal firme, y si la persona en cuestión no quiere por ningún motivo ser ayudada? Ante esta figura se presenta una situación complicada, pues por una parte se debe tener en cuenta el bienestar y la integridad física del paciente, pero por otro lado se debe tener en cuenta la libertad individual de decisión.
En la mayoría de sociedades le brindamos un amplio rango de acción al individuo y, por ejemplo, difícilmente uno estaría en problemas legales por no ducharse, pero, ¿qué ocurre cuando los actos de auto negligencia ponen en peligro la integridad física del paciente? Algunos médicos argumentan que la intervención en estos casos es obligatoria puesto que está justificada por un problema mayor como pudiese ser un trastorno de depresión o demencia. Otros, sin embargo, argumentarían que tomarse una licencia sobre lo que se debe hacer con la persona en esos casos caería en el ámbito de una actitud paternalista. Ambas posiciones, sin embargo, tienen una raíz filosófica fuerte: la una en el individualismo y la otra en la búsqueda del bien común.
Sin embargo, es conveniente antes que nada revisar casos particulares y tratarlos uno por uno. Es común, por ejemplo, que muchos ancianos estén determinados a no asistir por ningún motivo a un hogar social y que prefieran cualquier otra opción antes que eso. Ante este tipo de situaciones lo que se recomienda es más que nada tratar de negociar. De repente ese anciano no estaría dispuesto a acudir a un hogar social, pero sí a recibir a un trabajador social cada tanto en su propia casa para asegurarse que esté bien.
En casos donde la persona tenga ya muy poca consciencia sobre sí misma es un poco más sencillo argumentar a favor de una actitud en la cual se tomen medidas en automático a favor de su bienestar sin pensar tanto en un consentimiento, puesto que no hay un consentimiento como tal que dar.
Al final podríamos estar de acuerdo en que se trata más que nada de una cuestión de sentido común que debe explorarse caso a caso. Desde Doctor Marketing animamos a investigar a fondo este tipo de situaciones para lograr un marketing médico ético y consciente que nos beneficie a todos como sociedad. Y tú, ¿qué piensas?
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